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La marcha del reloj biológico

La marcha del reloj biológico Por Astrid Barnet (AIN)

Según expertos, la edad en la que comienza la vejez aún es incierta, no así aquella en que se inicia el proceso de envejecimiento.
 Argumentan que al nacer se pone en marcha el reloj biológico, en el que la vejez está genéticamente determinada y representa la pérdida progresiva de la capacidad de auto-regeneración que tienen las células.
El sistema está preparado para que uno viva determinada edad sin grandes cambios degenerativos en el organismo, pues existen formas para retrasar o adelantar el envejecimiento.

Lo primero lo provocan los malos hábitos de vida: fumar, beber en exceso, una alimentación inapropiada, la inactividad física, el estrés y la acumulación de sustancias tóxicas. En cambio, lo segundo, se logra con un estilo de vida saludable que no sólo incluya ejercicio físico regular, sobre todo a partir de los 50 años para prevenir problemas óseos, sino también la actividad intelectual.

Otros especialistas consideran que para hablar de vejez, biológicamente, no existe una edad establecida, aunque la memoria se mantenga activa, y afirman que este proceso se inicia cuando una persona pierde interés por el entorno y se aísla porque terminaron sus motivaciones en la vida.

Por tanto, se puede ser viejo a los 60 o a los 40 años de edad. Sin embargo, la mayoría de los expertos señalan hoy los 50 años como el punto de inflexión gerontológico. A partir de esa edad, plantean, se define la calidad de vida de las siguientes décadas, en las que los músculos se debilitan, los movimientos son más lentos, el equilibrio se altera, la audición disminuye y la visión es cada vez más difícil.

Pero en lo que sí todos los especialistas coinciden es en iniciar a partir de los 50 años de edad consultas de prevención, que incluyan controles para determinar si la salud ósea, cardiovascular o cerebral es la adecuada para la edad o si ya hay signos de envejecimiento acelerado, además de un reordenamiento de la alimentación, que incluya  frutas, verduras y cereales integrales.

Hay que aprender a envejecer. Tratar de detener este proceso es utópico y no se resuelve con visitas de médico en médico o de geriatra en geriatra. 
 Actualmente, la sociedad de consumo promueve reemplazar lo viejo y al viejo por un ejército de desocupados jóvenes,  por lo que envejecer en los países en desarrollo es un modo de supervivencia, el resultado de la suerte, o un logro reservado para aquellos mejor dotados genéticamente. Por el contrario, en Cuba el vocablo vejez no significa desamparo ni pobreza, pues desde hace más de cuatro décadas se amplía y desarrolla un sistema de salud que protege y ayuda a las personas adultas mayores, a partir de diversas instituciones especializadas al respecto y personal altamente calificado.

 

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