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Secretos de una momia egipcia

Secretos de una momia egipcia

María Elena Balán S.

 Hace poco más de tres mil años vivió en Tebas una mujer llamada Jedmatesán, quien no fue una dama de alcurnia, ni una sacerdotisa, sino una egipcia de la clase media que trabajó como corista en el templo de Amón Ra.


Tras su muerte, ocurrida a mediados del año 900 antes de nuestra era, su esposo ordenó a los embalsamadores que momificaran el cadáver y lo cubrieran con el cartonaje, una especie de ataúd fabricado de lino y cola.


De acuerdo con su rango social, lo decoraron con jeroglíficos que hacían referencia a divinidades protectoras para el tránsito al más allá, con textos sobre aspectos de su vida y un retrato de oro de Jedmatesán.


En 1995 la momia de referencia, ubicada en el Museo Real de Ontario, en Canadá, fue estudiada mediante la más moderna tecnología de estos tiempos y así conocieron detalles sobre su vida a través de las inscripciones realizadas en su envoltorio de lino.


Pero aunque su cuerpo embalsamado no fue tocado por nadie, los especialistas pudieron descubrir sus secretos gracias a un tomógrafo computarizado, o sea, un tipo de escáner con rayos equis, junto a un programa informático capaz de generar imágenes tridimensionales.


De esa forma quedó virtualmente desnudo el cuerpo de la cantante egipcia en la pantalla del ordenador.


Apoyados por esa tecnología, los paleo-patólogos o científicos que estudian las enfermedades de nuestros antepasados, levantaron capa a capa el cartonaje.


Pudieron conocer que Jedmatesán nunca tuvo hijos, pues cuando una mujer pare, el hueso púbico se separa de la pelvis por la presión que el bebé ejerce sobre él, pero en la momia aparecía intacto.


Sospecharon que era infértil, ya que las egipcias entre 30 y 35 años -que era la edad de la corista-, habían tenido descendencia.


Otra sorpresa para los expertos ocurrió cuando exploraron el rostro de la momia y al retirar la piel mediante los equipos computarizados, vieron un abultamiento en la parte izquierda de la mandíbula superior.


Una imagen tridimensional de esa parte reveló que la hinchazón se debía a un absceso dental en el incisivo izquierdo.


Esa patología surgió por una infección en la pulpa dentaria, generalmente debido a caries en un estado muy avanzado.


 En la actualidad, con penicilina o eritromicina, la corista egipcia hubiera salvado la vida, pero hace tres mil años, a su rudimentario dentista solamente se le ocurrió tratar de drenar el absceso.


Los especialistas que investigaron los secretos de esta momia egipcia determinaron que la infección dental fue la causa de su muerte.




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1 comentario

nury -

es muy interesante y divertido
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