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Agua de lluvia para uso doméstico..., ¡y gratis!

Agua de lluvia para uso doméstico..., ¡y gratis!

Por Roberto Pérez Betancourt*
Especial para
la AIN


   Recolectar y usar agua de lluvia para labores del hogar ha sido práctica milenaria que hoy se retoma con fuerza, incluso en países desarrollados, por las bondades de este líquido gratuito y la conciencia creciente sobre la necesidad de economizarlo.

 
   Aunque no se considera potable en su estado natural para beberla, el agua de lluvia es la preferida de las lavanderas por sus variadas bondades.


   Es suave, porque no contiene cal,  lo que facilita la acción de jabones y detergentes, por ende la limpieza de la ropa, y se escurre mucho mejor por tuberías y desagües, en beneficio de  lavadoras y sistemas hidráulicos.


   El agua que se utiliza diariamente para la limpieza, el lavado de ropa, el inodoro y el riego de plantas, representa más del 50 por ciento del consumo total en el hogar, lo que puede satisfacerse con agua de lluvia, especialmente en  climas como el de Cuba, donde prácticamente la mitad del año se caracteriza por abundantes precipitaciones.


   La creciente importancia de aprovechar el líquido ha determinado que en países desarrollados se implementen sistemas de depuración que incluso posibilitan beber el agua de lluvia.


   Desde el punto de vista tecnológico se han desarrollado procedimientos prácticos y baratos, los cuales posibilitan recolectar el agua, canalizarla, almacenarla y distribuirla alternativamente en la red hidráulica doméstica.


   En Cuba todavía puede apreciarse el funcionamiento de sistemas de canales recolectoras de agua de lluvia en viviendas con techos de tejas y en otras, edificadas a principios del siglo XX, especialmente en zonas rurales.


   Esas canalizaciones son muy útiles, sobre todo cuando no se dispone de agua corriente proveniente de acueductos.


   Aunque la generalización de estos últimos, junto a redes de distribución urbanas hicieron que los métodos tradicionales para el autoabastecimiento del líquido cayeran progresivamente en desuso, la creciente conciencia sobre la necesidad de preservar recursos renovables ha determinado que las antiguas iniciativas resurjan, enriquecidas por la tecnología moderna.


   Un chubasco de
30 litros por metro cuadrado de superficie y una superficie de recogida de 150 metros cuadrados,  pueden aportar una reserva de cuatro mil 500 litros de agua lluvia, lo que nos permite apreciar el interés económico y práctico de no desaprovecharla.


   En la actualidad, los países del norte de Europa, como Alemania o Suiza, se encuentran entre los más convencidos de estos sistemas, al punto que el Estado los subvenciona, y  millares de viviendas cuentan con  ellos.


   Todos conocemos otras iniciativas prácticas, incluida la más elemental: colocar recipientes bajo el aguacero y después aprovechar su  contenido vaciándolo en un tanque, que se mantiene tapado.


   El factor económico siempre es importante, y en la medida en que el costo del suministro del agua se eleve, seguramente crecerá también la conciencia sobre la necesidad de aprovecharla.

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