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Más de un siglo y medio retando al tiempo

Más de un siglo y medio retando al tiempo

Por Olga Crespo Porbén

Con casi 156 años de reto al tiempo, el faro Roncali, en el extremo más occidental del país, causa la admiración de los visitantes por su perfecto estado de conservación, a pesar de los fenómenos naturales que han devastado esa tierra huracanada.

 

La mole de piedra caliza coronada por un fanal de cristal, se alza 33 metros sobre el impresionante paisaje del Cabo de San Antonio, en Pinar del Río, y su alcance de luz es de 18 millas de distancia con dos destellos  en 10 segundos y ocho de oscuridad.

 

Roncali constituye uno de los 17 faros que en Cuba mantienen vigilancia permanente y está considerado como de primera categoría, pues anualmente orienta a  miles de embarcaciones que procedentes de numerosas partes del mundo recorren el Mar Caribe y el Golfo de México.

 

En una investigación realizada por los pinareños máster Enrique Giniebra y licenciada María de las Nieves Ramos, se consigna que en 1848 el capitán general Federico Roncali, conde de Alcoly, ordenó efectuar los estudios correspondientes a fin de construirlo.

 

El siete de mayo del siguiente año, bajo los auspicios del Cuerpo de Ingenieros Militares, se inició la obra en condiciones difíciles debido a lo inhóspito y alejado del lugar, concluyéndose  el 15 de septiembre de 1850.

 

Un enorme boquete que aún se conserva en los acantilados frente al faro, deviene muestra del esfuerzo de  los numerosos esclavos que allí laboraron, junto a varios asiáticos, la mayoría culíes chinos castigados por su mal comportamiento.

 

Llama la atención en el estudio de los especialistas vueltabajeros que el primer país en solicitar información sobre las características del faro fue Estados Unidos, cuyo Cónsul  reclamaba incluso detalles que no tenían ningún tipo de relación con su servicio, como los referidos al diseño interior y número de guarniciones.

 

Evidentemente, estas exigencias constituían una forma más de intromisión en los asuntos internos de una nación, tendencia que ya en aquella temprana fecha se apreciaba en los gobernantes norteamericanos.

 

Erigido en una región sumamente abandonada, tanto por el régimen colonial como después en la pseudo república,  hasta la década del 70 el acceso al faro era solo por mar. Hoy, una carretera llega hasta la misma torre y para las familias carboneras del sitio se erigió el poblado de Los Cayuelos, donde se crearon condiciones de vida acorde con los programas sociales de la Revolución.

 

En la actualidad los proyectos de la Oficina para el Desarrollo Integral de la Península de Guanahacabibes incluyen como una parte importante al legendario faro, que se ha mantenido enhiesto durante más de siglo y medio  como para despedir al Sol a su paso por la Isla.

 

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