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Dudan que los guapos no toman sopa

Dudan que los guapos no toman sopa

Servicio Especial de la AIN

   De que los guapos no toman sopa dan fe de este título la más antigua
evidencia arqueológica que remonta las sopas a hace 6 mil años y la
cocinaban con hueso de hipopótamo.


  Y quien puede dudar de la valentía del cazador de esa época, que sin
apenas armas lidiaba con el poderoso animal, para saciar la hambruna.


  Cierto también es el hecho de que las damas de la Corte de Luis XI 
sobrevivían gracias, casi exclusivamente, a las sopas, ya que en esa
época ellas creían que masticar causaba arrugas.


  El devenir de la sopa tiene raíces  populares e innumerables recetas. 
  Citemos la célebre sopa de cebolla que en 1725 en el famoso mercado
de Les Halles, de París, se ofrecía para dar de comer a las grandes
masas, por ser un plato nutritivo y bajo costo, pues según el contenido
tiene vitaminas, proteínas y carbohidratos.


  Alejandro Dumas (padre) escribió que un ex rey polaco, suegro de Luis
X, fue quien llevó a la corte real la sopa de cebolla, que había
probado en su camino a París.


  Paul Bocuse sostiene que esa sopa en cuestión debe haber nacido en la
región de Lyon, porque la cebolla figuraba en todas las comidas de esa
zona, elemento que utiliza para reclamar la autoría de la receta, que
se servía en Lyon mucho antes que en París.


  Una buena sopa de cebolla debe contener el caldo base de color dorado
oscuro y un intenso sabor a las cebollas caramelizadas, clave de la
receta.


  Rebanadas de pan cubiertas con exquisito queso Gruyere derretido,
cubren la superficie del caldo.


  Los expertos dicen que el secreto es caramelizar las cebollas con
mantequilla, azúcar morena y después agregarle una cucharada de harina,
vino tinto y un toque de coñac.


  Ofrecer una sopa de entrante de una comida está cada día más de moda
y es muy fácil de preparar.


  Alimenticias y sabrosas son las de vegetales, tan solo hervirlos
después de cortados y agregarles caldo de pollo, una pizca de nuez
moscada, sal y pimienta.


  La sopa y el puré se dan la mano. Imagínese saborear la crema de
leche en el momento de pasarla por la batidora o la sopa cremosa de
papas con cebollinos; ideal para días fríos.


  Los preocupados por bajar de peso pueden encontrar en una taza de
sopa de pollo un modo de reducir el apetito.


  Los investigadores especulan que incluso la sopa más simple satisface
el hambre, porque el cerebro «siente» que está lleno.


  Los caldos son aliados de los medicamentos antigripales, digestivos y
nutritivos si de males del estómago se trata, y podemos verlos
presentes en la diversa cocina criolla, en incontables recetas por todo
el mundo.


  Las sopas han creado una colosal industria alimentaria y se producen
enlatadas o en sobre, casi listas para consumir o si se desea para 
enriquecer otras comidas.

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