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Un pedazo de historia a las puertas de la ciudad

Un pedazo de historia a las puertas de la ciudad

Recién cumplidos los 138 años de haber recibido el título de ciudad, Pinar del Río exhibe un rostro alegre y rejuvenecido,  sin olvidar las tradiciones de los lejanos años de la fundación del poblado "nacido de un pinar y de una cicatriz de agua hoy moribunda".

 

En el incipiente caserío, fue definiéndose un espacio público que asumió posteriormente las funciones de parque, ubicado a la entrada cuando se viaja desde La Habana. Vecinos de los alrededores aún recuerdan, sin poder despojarse de la nostalgia, las formas del lugar en las primeras décadas del siglo XX y la costumbre de reunirse allí para conversar y distraerse en determinadas horas del día.

 

En un primer momento fue designado popularmente como Parque de los Franceses, aunque oficialmente resultó bautizado de La Fraternidad y posteriormente de La Concordia.

 

A inicios de la pasada centuria el pueblo reclamó su pavimentación y la instalación del alumbrado público, solicitudes que tuvieron en cuenta las autoridades municipales, quienes al evaluar el problema decidieron incluir su  solución en el próximo plan de obras públicas, con lo cual se dieron los primeros pasos para mejorar sus condiciones ambientales.  

 

Rozado por dos de las calles principales de la urbe, hoy el parque es uno de los lugares más atractivos y acogedores de la cabecera provincial y su espacio, muy bien distribuido, en su pedestal más elevado muestra una escultura del Héroe Nacional José Martí.

 

Fue realizada en mármol por el escultor italiano Héctor Salvatore, su costo ascendió a 12 000 pesos y se le considera una de las más bellas de las erigidas en homenaje al Apóstol.

 

El paseo Estrada Palma, al final de la calle Martí, la acogió inicialmente el 28 de enero de 1929, para ser trasladada finalmente al actual sitio dos años después, mientras el lugar asume el nombre de parque Martí, que lleva hasta nuestros días.

 

Los valores históricos y arquitectónicos que posee, constituyen parte del patrimonio cubano.

 

Con esbeltas escalinatas que lo elevan al centro del campo visual de los transeúntes, resulta visitado con mucha frecuencia por niños de diferentes centros estudiantiles, quienes suelen acercarse a la historia en jornadas organizadas por el Museo Provincial.

 

Cada 28 de enero, hasta sus predios desfilan jóvenes portando antorchas en homenaje al cumpleaños del Maestro y ha sido testigo también de innumerables muestras de amor nacidas al pie de sus escalinatas. 

 

 

Foto: Guerrillero
 

 

Por Maritza Padilla Valdés

 

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