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USA contra América Latina

USA contra América Latina

Néstor Núñez (Servicio Especial de la AIN)

 Nadie se engañe. Que las sucesivas administraciones norteamericanas no miren con frecuencia al sur del hemisferio, para nada implica que las clases dominantes en los Estados Unidos obvien reforzar el dominio sobre lo que consideran su traspatio natural.


Nunca ha ocurrido así. Y es que con mayor o menor escándalo, los mecanismos para afianzar el control oficial norteamericano sobre sus vecinos empobrecidos no desaparecen, en todo caso se ajustan y transforman su apariencia, jamás sus intenciones.


 En su artículo Reconfiguración del sistema Hegemonía-Dominación de los Estados Unidos sobre América Latina, el investigador cubano Juan Ángel Cordero establece que ya desde finales de los años ochenta y sobre todo a fines de la pasada década, el control de Washington "se intenta asegurar a través de mecanismos de poder duros y blandos...utilizando instrumentos políticos, diplomáticos y militares, unido a los económicos, financieros, comerciales, cibernéticos y comunicacionales...".


Esa conjunción se expresa en la letal mezcla de ataduras como el desmadejado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, ALCA, y los Tratados de Libre Comercio bilaterales los proyectos para la subordinación de las fuerzas armadas latinoamericanas y la presencia de bases bélicas made in USA en la región.


Se suman además la invasión cultural y de información manipulada, y los mecanismos políticos que intentan afianzar la pretendida democracia representativa como el único modelo posible para los gobiernos del Sur.


De manera que los planes de dominación no han cesado un minuto, pues en la región se localiza el 11 por ciento de las reservas mundiales de petróleo y se produce cerca del 15 por ciento del crudo que se extrae en el planeta. Además, cuenta con cerca del seis por ciento de las reservas internacionales de gas natural, y grandes emporios de carbón mineral suficientes para unos 288 años de explotación.


Asimismo, acumula 27 por ciento del agua dulce del planeta, en un área que reúne solo seis por ciento de la población global, todo ello en un contexto mundial en el cual mil millones de seres humanos están privados del uso del preciado líquido y cinco millones fallecen anualmente a causa de enfermedades ligadas a esa carencia.


En consecuencia la estrategia imperial busca garantizar el acceso ilimitado de los inversionistas norteamericanos a esos recursos estratégicos, especialmente en la zona Andino-Amazónica, donde radican en abundancia petróleo, gas, minerales y maderas, así como la biodiversidad genética, el agua, y las selvas productoras de gran parte del oxígeno global.


Estos criterios avalan con más fuerza que el Sur del hemisferio no es una pieza al garete en la geopolítica yanqui, y salvarla del destino de esclava diseñado por el imperio, implica lucha, inteligencia, convergencia y unidad férrea, como es palpable en no pocas naciones del área.

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